Lo que cuesta seguir a Jesús
(Lucas 14:25 – 27)
“Grandes
multitudes iban con Él; y volviéndose les decía: “Si alguno quiere venir en pos
de mí y no aborrece a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas y hasta
a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no lleva su cruz y viene en
pos de mí, no puede ser mi discípulo”
Nuestro Señor Jesús, durante su
peregrinación en la tierra, demostró las señales que confirmaban su misión
entre los suyos. Muchos milagros de sanidad, liberación espiritual,
alimentación de multitudes y resurrecciones fueron manifestados entre aquellos
que le rodeaban. Sin embargo, muy pocos, por no decir que ninguno, entendió
realmente su mensaje y su propósito real.
Es así, como nos indica la palabra,
que “grandes multitudes iban con Él”; todos buscaban cubrir sus necesidades mas
no le seguían por amor y devoción al Maestro y Salvador. Hay un detalle
interesante en el texto: “y volviéndose”. Jesús continuaba su labor por toda la
tierra de Israel, predicando y anunciando la llegada del “Reino de los cielos”,
hasta que un momento detiene su marcha (siempre adelante) y voltea hacia la
multitud. Era claro que Jesús sabía que le seguían y también sabía las verdaderas
razones que tenían para hacerlo. Es allí cuando Él detiene su marcha; su
propósito; su misión y comienza a exhortar a la multitud sobre cuál debe ser la
verdadera razón para seguirle y el costo que deben pagar. Encontramos la
verdadera devoción que debemos demostrar. Jesús dice: “Si alguno viene a mí y no aborrece…” La palabra usada aquí no habla de desprecio o separación de lo
más querido ni de nuestra vida. Esta palabra se usa en un sentido comparativo, de
amar menos.
Existe
un gran contraste entre las palaras de Jesús y lo que se está predicando hoy
día. Hoy se enseña lo que yo llamo “el quinto evangelio”, el cual no es otra
cosa que la enseñanza de que voy a vivir en esta tierra y que he sido llamado a
la conquista, a establecer un “reino” en la tierra. Un reino donde ocuparemos
grandes cargos y lugares prominentes. Donde obtendré los mejores beneficios
terrenales: autos, casas, cuentas bancarias enormes, salud, larga vida sin
aflicciones ni problemas. Este “quinto evangelio” no es más que el ofrecimiento
continuo de aquello que el enemigo ofreció a Jesús en el desierto.
Pero,
volviendo a las palabras de Jesús. Él nos llama a desprender nuestro corazón de
todas esas cosas; que las quitemos del trono de nuestras vidas y las
sustituyamos por Él y solo por Él. El maestro nos llama a no amar a las cosas y
a las personas más que a Él. Queda demostrado que el afán por el buen vivir en
esta tierra no forma parte de su enseñanza. No quiere decir que dejemos todo y
nos lancemos a la indigencia ¡NO! Quiere decir que nuestro único propósito debe
ser amarle y agradarle a Él.
De
igual forma, la expresión “no lleva su
cruz” denota una preparación a morir a las cosas de este mundo,
considerándonos ya muertos a nosotros mismos y a los ofrecimientos de este
mundo. El apóstol Pablo lo decía:
“…O ignoráis que vuestro cuerpo es
templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual habéis recibido de
Dios, y que no sois vuestro.”
(1ra. Corintios6: 19). (énfasis
propio).
“Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro
Señor Jesucristo, por quien el mundo
ha sido crucificado para mí y yo para el mundo.” (Gálatas 6:14). (énfasis propio).
“Con Cristo estoy juntamente
crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí, y lo que vivo ahora en la carne, lo vivo en la fe del hijo de Dios,
el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 6:20). (énfasis propio)
“Ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí. Si vivimos para
el Señor vivimos; y si morimos para el Señor morimos, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos”
(Efesios 4: 22 – 24) (énfasis
propio)
“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado
como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aún las estimo todas las cosas
como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por
amor a Él lo he perdido todo y lo tengo por basura, para granar a Cristo y ser
hallado en Él, no teniendo mi propia justicia, que se basa en la Ley, sino la
que se adquiere por la fe en Cristo, la justicia que proviene de Dios y se basa
en la fe. Quiero conocerlo a Él y el
poder de su resurrección, y participar de sus padecimientos hasta llegar a ser
semejante a Él en su muerte” (Filipenses 3: 7 – 10) (énfasis propio)
“No procuramos
agradar a los hombres sino a Dios que prueba nuestros corazones” (1ra. Tesalonicenses
2:4b) (énfasis propio)
“Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que
antes teníais estando en vuestra ignorancia, sino, así como aquel que os llamó
Santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir, porque
escrito está: “Sed santos porque Yo soy Santo” (1ra. Pedro 1: 14 – 16)
Para concluir, desechemos
todo aquello que nos aparta del conocimiento real y total de nuestro Señor
Jesús. Amémoslo y busquemos de agradarle solo a Él.
Suyo en
Cristo
J. L. Huerta
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