EN LA CASA DEL SEÑOR ¿TODOS LOS DÍAS?



EN LA CASA DEL SEÑOR ¿TODOS LOS DÍAS?
 “Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida para contemplar la hermosura de Jehová y buscarlo en su templo”
Salmos 27:4
            Es interesante la solicitud que David hace a Dios. Es más, no es una solicitud, es una demanda. Es algo que va más allá de solo querer algo, es un exigencia, una especie de reclamo al Señor nuestro Dios. Si analizamos esta palabra (demanda) a la luz del derecho contemporáneo observaremos que es algo que se exige ante los más altos niveles (jueces) de autoridad para que tenga obligatorio cumplimiento. Vemos, entonces, a David haciendo una demanda a Jehová. Dicho de otra manera: “Señor, yo quiero hacer esto y quiero que actúes con todo tu poder, tu dominio, sabiduría y omnisciencia para que pueda obtenerla”. Suena bastante radical.
            Sin embargo, las palabras siguientes cambian la perspectiva de asunto y lo convierte en un ruego. Aunque la exigencia y demanda de todo el poder de Dios no desaparece, entra en escena otro elemento: La actuación. El obrar por parte del salmista. Si bien es cierto que apela a Dios y todo su poder, no menos cierto es que para cumplir con ese objetivo, el salmista debe hacer su parte. Dios siempre está atento a la vida de sus hijos, siempre está dando la provisión necesaria (el pan de cada día) pero hay situaciones que dependerán de nuestro accionar para que nuestro Padre las lleve a cabo. Es por eso que, ante la demanda del salmista, le sigue la parte que a él le corresponde: “esta buscaré”.
            Ahora bien, es bueno señalar que el “estar en la casa de Jehová todos los días”  no era una tarea fácil, David señala “esta buscaré”. Se requiere un esfuerzo, un anhelo, una determinación para poder alcanzarlo. No se busca lo que se tiene a la mano. Es por ello la demanda de David. Permítaseme una licencia para parafrasear este texto, según lo explicado hasta ahora: “Jehová, quiero estar en tu presencia siempre, conocer tu grandeza y hermosura. Hacerlo diariamente, en forma constante; pero me es difícil. Sé que debo poner de mi parte y buscar tu rostro. Por eso deseo, con todo mi corazón que tu poder, dominio, voluntad, sabiduría, etc., obren para poder lograrlo.”
            Analicemos las razones que harían difícil la estancia diaria del rey David en el templo. Estaba sujeto a debilidades y flaquezas, múltiples ocupaciones reales, la familia, los hijos, entre otros; ocupaciones muy parecidas a las nuestras. Constantemente estamos luchando con las tareas, oficios, diligencias; es decir, muchas cosas por hacer que ocupan el diario vivir. David debía trasladarse desde palacio hasta el Tabernáculo que estaba cierta distancia de Jerusalén, ocasionando su ausencia del resto de sus obligaciones. Pero ¿qué hay de nosotros hoy en día? También tenemos múltiples ocupaciones (trabajo, estudio, la casa, etc.) que impiden que estemos en la congregación todos los días, todo el día. ¡Triste realidad de nuestras ajetreadas vidas!
            Sin embargo, ¡Hay buenas noticias! Dios, en su infinita misericordia se acercó a nosotros a través de Su Hijo Jesucristo. Dios propició el encuentro personal, íntimo, privado (puede decirse) con Él. Y, aunque no existe el Tabernáculo físico ni el Templo, hemos sido llamados “casas espirituales” donde mora el Espíritu de Dios. Ahora, en el siglo XXI, esta proximidad de Dios con nosotros está cimentada en sus promesas. Veamos algunas:
            “No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros” (Juan 14:18)
            “Y yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre: El Espíritu de verdad…” (Juan 14:16)
            “Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros, pero si me voy, os lo enviaré (Juan 14:06)
            Vemos pues, con gran gozo, que la Palabra de Dios se manifiesta a través de Su Santo Espíritu. Pero eso no es todo. Su Palabra afirma de manera indubitable que Su Espíritu habita en nosotros: “Acaso no sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios está en vosotros” (1ra. Corintios 3:16) por lo que podemos decir que somos su casa, su habitación, su Tabernáculo. Es por esto, que cimentada nuestra fe en Sus palabras podemos ir a Su presencia diariamente. “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16)
            Es pues, todo lo expuesto, motivo de gozo para nuestras vidas, ya que, no importa donde estemos, que hacemos, siempre, siempre podemos decir como el salmista:
“Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida para contemplar la hermosura de Jehová y buscarlo en su templo” (en nosotros)
Salmos 27:4