¿La Voluntad de Dios coincide con la mía?



¿La Voluntad de Dios coincide con la mía?
(1ra. Tesalonicenses 4:3)

         En la oportunidad anterior mencionamos que para lograr una vida tal y como Dios lo demanda debíamos vivir en una total, sencilla y absoluta obediencia. Debemos anhelarle a Él y no a sus bendiciones. Todo esto exige un acto voluntario de entrega. Es someter nuestra voluntad a la Suya y estar pendiente que  la nuestra esté en concordancia con la de Él.
         Pablo enseña a la iglesia de Tesalónica, inspirado por el Espíritu Santo, que la voluntad de Dios es nuestra santificación. Hay un detalle en esta afirmación: La santificación no dependerá de si Dios está dispuesto a santificarnos; será total y absolutamente MI VOLUNTAD. ¿Estoy en disposición a dejar que Dios haga en mí todo lo que ha sido posible por medio de la expiación de la Cruz de Cristo? ¿Estoy en disposición a dejar que Jesús venga a ser santificación para mí, y a dejar que su vida se refleje en mi carne humana?
         Guárdate de decir: “Oh! Anhelo ser santificado”. No, no lo anhelas. Reconoce tu necesidad, pero deja de anhelarlo y haz de ello un asunto de acción. Todo lo que Jesús hizo posible se hace mío por medio del don libre y amoroso de Dios sobre la base de lo que Cristo cumplió en la Cruz. La santificación me hace uno con Cristo y en Él uno con Dios, y esto se consigue solo mediante la expiación grandiosa de Cristo.
Nunca confundamos el efecto con la causa. El efecto en mí, es la obediencia, el servicio y la oración; y es el resultado de un agradecimiento inexpresable y de adoración a causa de la milagrosa santificación que ha sido obrada en mí a través de la expiación mediante la Cruz.

Tomado del libro devocional “En pos de lo Supremo”
Oswald Chambers, Editorial Clie.
Usado con permiso escrito de la casa editorial.
Suyo en Cristo

J. L. Huerta.

La oposición de lo natural

LA OPOSICIÓN DE LO NATURAL

     "Los que son de Cristo han crucificado la carne 
con sus pasiones y deseos" 
Gálatas 5:24


    La vida natural en sí no es pecaminosa. Pero tenemos que abandonar el pecado y no tener nada que ver con él.
   No es cuestión de abandonar el pecado, sino de abandonar mi derecho a mi mismo, a mi independencia natural y a mi propia voluntad. Ahí es donde se debe librar la batalla. Las cosas que son justas, nobles y buenas desde las perspectiva natural son las mismas cosas que nos impiden ser lo mejor de Dios. Es lo bueno lo que se opone a lo mejor.
   El costo para nuestra vida natural no es solo una o dos cosas, sino todo. Jesús dijo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo (Mateo 16:24).
    La vida natural no es espiritual, y solo puede llegar a ser espiritual mediante sacrificio. Si no sacrificamos a propósitos lo natural, lo sobrenatural no llegará a ser naturales en nosotros. No es cuestión de orar sino de sacrificar y hacer su voluntad.

¿Es Dios sexista?

¿Es Dios sexista?
 Publicado por Mujer Idónea
El sexismo es un género, usualmente el masculino, ejerciendo dominio sobre otro género, usualmente el femenino. La Biblia contiene muchas referencias de mujeres que, en nuestras mentes modernas, suenan discriminatorias hacia ellas. ¿Significa esto que Dios, y por lo tanto la Biblia, es sexista? Debemos recordar que cuando la Biblia describe una situación, no significa necesariamente que la respalde. La Biblia describe a hombres tratando a las mujeres como poco menos que una propiedad, pero eso no significa que la Biblia conceda su aprobación a tal acción. Aún en las situaciones en que en la Biblia es dado un mandato respecto al trato de las mujeres, no es necesariamente una indicación de la norma ideal de Dios. La Biblia se enfoca mucho más en la reforma de nuestras almas que en nuestras sociedades. Dios sabe que un cambio en el corazón resultará en un cambio en el comportamiento humano.
Durante los tiempos del Antiguo Testamento, en todo el mundo existía una sociedad patriarcal. Esta situación histórica es muy clara – no solo en la Escritura sino en las leyes sociales que gobernaban la mayoría de las sociedades en el mundo. Para los valores de los sistemas modernos y el mundial punto de vista humano, esto es llamado “sexismo.” Dios dispuso el orden en la sociedad, no el hombre, y Él es el autor del establecimiento de los principios de la autoridad. Sin embargo, como en cualquier otra situación, el hombre caído ha corrompido este orden. Eso ha resultado en la desigualdad e injusticia de la posición del hombre y la mujer a través de la historia. La exclusión y la discriminación que encontramos en nuestro mundo no es algo nuevo. Es el resultado de la caída del hombre y la introducción del pecado en el mundo – lo cual es rebelión contra Dios. Por lo tanto, podemos justamente decir que el término y la práctica del “sexismo” es el resultado de – un producto del – pecado de la humanidad. La revelación progresiva de la Biblia nos lleva hacia la cura del sexismo, así como de todas las prácticas pecaminosas de la raza humana.
Para encontrar y mantener un balance espiritual entre las posiciones de autoridad ordenadas por Dios, debemos consultar la Escritura. El Nuevo Testamento es el cumplimiento del Antiguo, y en él encontramos principios que nos indican la línea correcta de autoridad y la cura para el pecado, la enfermedad de toda la raza humana, y eso incluye la discriminación basada en el género de la persona.
La cruz de Cristo es el gran nivelador. Juan 3:16 dice “…para que todo aquel…” y esa es una declaración que incluye a todos sin excluir a nadie, basándose en su posición social, mental, de capacidad o de género. También encontramos pasajes en Gálatas, que nos hablan de nuestra igual oportunidad para salvación. “Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Gálatas 3:26-28). No hay sexismo en la cruz.
La Biblia no es sexista. ¿Por qué? Porque retrata fielmente el resultado del pecado. En la Biblia están registrados toda clase de pecados: dominio y esclavitud, así como las fallas de sus grandes héroes. Al mismo tiempo también nos da la respuesta y la cura para esos pecados contra Dios y Su establecimiento del orden. ¿La respuesta? Una correcta relación con Dios. El Antiguo Testamento apuntaba hacia el futuro sacrificio supremo, y cada vez que se realizaba un sacrificio por el pecado, se enseñaba la necesidad de una reconciliación con Dios. En el Nuevo Testamento, el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” había nacido, muerto, sepultado, resucitado nuevamente, y ascendido a Su lugar en los cielos, desde donde intercede por nosotros. Es a través de la fe en Cristo que se encuentra la cura para el pecado y eso incluye el pecado del sexismo.
El cargo de sexismo en la Biblia está basado en la falta de conocimiento de la Escritura. Cuando los hombres y las mujeres de todas las edades han tomado los lugares designados por Dios, y vivido de acuerdo a “Así dice el Señor”, entonces se da un maravilloso balance entre los dos géneros. Este balance es con el que Dios los inició y es con el que Él concluirá. Se brinda una exagerada atención a las muchas consecuencias del pecado y no a la raíz del mismo. Es sólo cuando existe una reconciliación con Dios a través del Señor Jesucristo, que encontramos la verdadera igualdad. “…y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).
También es muy importante comprender que el hecho de que la Biblia asigne roles diferentes al hombre y a la mujer no es sexismo. La Biblia hace abundantemente claro que Dios espera que el hombre adopte el rol de liderazgo en la iglesia y el hogar. ¿Eso hace inferior a la mujer? ¡Absolutamente no! Lo que significa es que en nuestro mundo contaminado por el pecado, debe haber una estructura y una autoridad. Dios ha instituido los roles de autoridad para nuestro beneficio. El sexismo es el abuso de estos roles… no la existencia de éstos.

Tomado de: www.gotquestions.org

NADA DE LA ANTIGUA NATURALEZA



NADA DE LA ANTIGUA NATURALEZA
2da. Corintios 5:17
         Los seres humanos tenemos la peculiaridad de juzgar a los demás por sus hechos y a nosotros mismos por las intenciones, llegando al punto de ser auto-indulgentes. Pedimos al Señor que sea severo y estricto cuando una persona actúa en contrario a Su voluntad; si la persona es creyente la solicitud es más intensa.
         Cuando nosotros fallamos y debemos ser juzgados con severidad y estricta aplicación de la sanción, comenzamos a pensar que Dios debe tener un trato distinto. Esgrimimos nuestras justificaciones y llegamos al punto de recordar al Señor sus palabras:"Él se acuerda que somos polvo”; “No es que lo haya alcanzado ya”,  para decir que aun somos carne sujetos a pasiones y debilidades. Por su parte, Dios no acepta nada de nuestras razones que queden de nuestra vida anterior, no las comprende ni las toma en cuenta a nuestro favor. Él simplemente las rechaza y elimina; para Él no hay excusas.
Al nacer de nuevo, el Espíritu Santo comienza una obra en nosotros hasta lograr que no quede nada de nuestra vida anterior. Si la Biblia dice que hemos recibido al Espíritu Santo al creer en Jesús ¿qué pasa con nuestras vidas que todavía están llenas de concupiscencia, con el viejo egoísmo del interés propio? Si queremos conseguir una vida sin concupiscencia, sin egoísmo, sin insensibilidad hacia los demás y tener el amor incondicional que nos señala la palabra en 1ra. Corintios 13: 4 – 5, no podemos permitir en nuestra vida nada de la vieja naturaleza. Necesitamos una confianza, fe y fidelidad absoluta y sencilla en Dios al punto de no querer sus bendiciones sino a Él. ¿Tenemos tal confianza, fe y fidelidad ante el Señor que puede retirar Sus bendiciones en nosotros sin que disminuya nuestra dependencia a Él? Cuando nos entreguemos tal como nuestro Todopoderoso Dios lo demanda y comencemos a ver Su poderosa mano obrando, no nos preocuparan más las cosas que suceden porque confiaremos plenamente en nuestro Padre celestial.
Suyo en Cristo

J. L. Huerta

Una vida de sacrificio puro y santo

Una vida de sacrificio puro y santo

“El que cree en mí… de su interior correrán ríos de agua viva”
(Juan 7:38)
                Jesús no dijo: “El que cree en mí recibirá todas las bendiciones de la plenitud de Dios”, sino “el que cree en mí, de él saldrá todo lo que reciba”. La enseñanza del Señor fue de anti-propia realización. Su propósito no es el desarrollo de la persona, sino transformar a aquella persona exactamente a Su propia imagen y el rasgo característico del Hijo de Dios es la propia entrega.
            Si creemos en Jesús, lo que cuenta no es lo que ganamos, sino lo que Él derrama a través de nosotros. No se trata de que Dios nos haga “uvas hermosas”, sino que Él exprime la dulzura de nosotros. Desde una perspectiva espiritual no podemos medir nuestra vida por el éxito, sino solo por lo que Dios derrama a través de nosotros y esto no podemos medirlo en lo absoluto.
            Cuando María de Betania “quebró” el frasco de alabastro y derramó el perfume (de mucho precio) sobre la cabeza de Él fue un acto que muchos consideraron inoportuno; de hecho: “algunos se decían entre sí indignados: ¿Para qué se ha hecho este derroche de perfume?” (Marcos 14:3 - 4). Pero Jesús encomió a María por su extravagante acto de devoción: “Donde quiera que se proclame este evangelio… se dirá también en memoria de ella lo que ha hecho.” (Marcos 14:9). Nuestro Señor se llena de gozo desbordante cada vez que ve a cualquiera de nosotros haciendo lo que hizo María, no condicionados por esta o aquella manera de hacer, sino plenamente adheridos a Él.
            Dios derramó la vida de Su Hijo “para que el mundo sea salvo por medio de Él.” (Juan 3:17) ¿Estamos dispuestos a derramar nuestras vidas por Él? “El que cree en mí… de su interior correrán ríos de agua viva…” y cientos de otras vidas recibirán un continuo refrigerio. Ahora es el momento de que rompamos el “frasco” de nuestras vidas, el momento de dejar de buscar nuestra satisfacción y de derramar nuestras vidas delante de Él. Y nuestro Señor pregunta quién de nosotros está dispuesto a ello.

Tomado del libro devocional “En pos de lo Supremo”
Oswald Chambers, Editorial Clie.
Usado con permiso escrito de la casa editorial.
Suyo en Cristo

J. L. Huerta.

DESTINADOS A LA SANTIDAD


DESTINADOS A LA SANTIDAD
“Escrito está: Sed santos, porque Yo soy Santo”
1ª. Pedro 1:16”
            Hemos de recordar una y otra vez el propósito de nuestra vida. No estamos destinados a la felicidad, a la vida, ni a la conquista, ni a lugares de eminencia, sino a la santidad.
            Tenemos tantos deseos e intereses que consumimos y malgastamos la vida. Muchos de estos deseos e intereses pueden ser buenos y llegar a tener su cumplimiento, pero por ahora Dios tiene que minimizarlos. Lo único que verdaderamente importa es aceptar al Dios que ha de santificarnos. Nuestra relación con Dios ha de ser la correcta a cualquier precio.
            ¿Creo verdaderamente que necesito ser santo? ¿Creo que Dios puede venir a morar en mí y hacerme santo? Si a través de la predicación se nos habla y convence que no somos santos, lo más probable es que produzca en nosotros un resentimiento. Cuando la predicación del evangelio nos resulta molesta debido a que tiene que denunciar que no somos santos, pero a la vez, debe despertar un fuerte anhelo de conseguirlo. Dios tiene un solo destino para la humanidad: la santidad. Su único objetivo es producir santos. Dios no es una máquina eterna  productora de bendiciones para la humanidad. Dios no vino a salvar a toda la humanidad porque le dieran lástima. Les vino a salvar porque los había creados para que fuesen santos. La expiación por medio de la Cruz de Cristo significa que Dios puede devolvernos a una unión perfecta con Él mismo, sin una sombra entre nosotros por medio de la muerte de Jesucristo.
            Nunca debemos tolerar, por simpatía a nosotros mismos o hacia otro, ninguna práctica que no concuerde  con un Dios santo. La santidad significa un andar sin mancha en los pies, un hablar sin mancha de nuestra boca y un pensar sin mancha en nuestra mente, en cada detalle de nuestra vida delante del escrutinio de Dios. La santidad no es solo lo que Dios me da, sino lo que yo manifiesto que Dios me ha dado.

Tomado del libro devocional “En pos de lo Supremo”
Oswald Chambers, Editorial Clie.
Usado con permiso escrito de la casa editorial.
Suyo en Cristo
J. L. Huerta.


El aturdidor llamamiento de Dios

El aturdidor llamamiento de Dios

“… y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del hombre… Pero ellos nada comprendieron…
(Lucas 18:31, 34)

            Dios llamó a Jesucristo a lo que parecía un absoluto desastre. Y Jesucristo llamó a Sus discípulos para que vieran como moría, llevándolos a una situación en la que sus corazones quedaron quebrantados. Su vida fue un fracaso rotundo desde todo punto de vistas excepto el de Dios. Pero lo que parecía un fracaso desde la perspectiva humana fue un triunfo desde la perspectiva de Dios.
            Este enigmático llamamiento de Dios también viene a nosotros. Y no puede ser comprendido de forma absoluta o explicado de manera audible; solo puede ser percibido y asimilado por nuestra naturaleza interior. El llamamiento de Dios es como la llamada del mar, nadie la oye excepto aquel que tiene vocación de navegante. Aquello  a lo que Dios nos llama no puede ser declarado de manera definida, porque Su llamamiento es básicamente a ser Su amigo para llevar a cabo Sus propios propósitos. Nuestra verdadera prueba es aceptar de verdad que Dios sabe lo que desea. Las cosas que suceden no suceden por casualidad, suceden por el designio de Dios. Él está realizando Sus propios propósitos de un modo soberano.
            Si estamos en comunión y unidad con Dios y reconocemos que Él nos está implicando en Sus propósitos, los aceptaremos y no seguiremos luchando por descubrir cuáles son. Cuando entendemos esto, el crecimiento cristiano se hace más sencillo para nosotros, pues nos sentimos menos inclinados a decir: “Me pregunto por qué Dios permitió esto o aquello.” Nos damos cuenta de que el propósito de Dios abarca todas las cosas de la vida, y que Él está sometiéndonos a un proceso de acoplamiento a Sus designios. El cristiano confía en el conocimiento y sabiduría de Dios, no en sus propias capacidades. Nuestro propósito destruye la sencillez y la paz serena que debería ser la características de los hijos de Dios.

Tomado del libro devocional “En pos de lo Supremo”
Oswald Chambers, Editorial Clie.
Usado con permiso escrito de la casa editorial.

LA FE

LA FE
Objetivo: Dar a conocer, de acuerdo a la Biblia, el concepto de la fe; su origen, su función, su aplicación y el entendimiento de ella, ya que: “Sin fe, es imposible agradar a Dios.
Texto:  “Por que por gracia sois salvos por medio de la fe; y no de vosotros, pues, es un don de Dios (Efesios 2:8).
En la actualidad, es común sustituir la palabra “FE” por la palabra “CREER”. La fe no se puede limitar a esta simple sustitución. En nuestra cultura se confunde a la fe con una creencia ciega de algo irrazonable y sin sentido. Existe una enorme diferencia entre la fe y el creer. Ser crédulo es creer en algo por ninguna razón valedera. La superstición está hecha y prospera sobre la base a la credulidad. Creer es algo tan poco válido que cualquiera lo puede hacer. De hecho la Biblia señala que “que los demonios creen y tiemblan” (Santiago 2:19).
El ser humano es capaz de creer en hechos históricos o en un conjunto de dogmas, doctrinas ideológicas y religiones. Esa capacidad de creer que tiene el ser humano y que usa erróneamente le fue dada por Dios. Esto es parte de lo que la Biblia llama tener fe. Sin embargo la fe es algo más profundo.
De acuerdo a lo leído en Efesios 2:8, la fe es un don, es decir, un regalo inmerecido dado por Dios para capacitarnos a creer y confiar en Él plenamente. En el sentido Bíblico el creer es un acto intelectual que va acompañado de la voluntad y las emociones. Estos tres se conjugan en el acto de la fe, por lo que podemos decir que la fe es: Creer, Confiar y Depender.
Hebreos 11:1-2, Da un resumen del concepto de la fe y, por ella, los antiguos alcanzaron testimonio (renombre). Analicemos, pues, como manejaban el concepto de la fe las personas del Antiguo Testamento. Para los hebreos la religión siempre fue una religión de esperanza (Romanos 4:18, 22). La exhortación que dio el rey Josafat al pueblo bien puede resumir el manejo del concepto de fe que ellos tenían (2do. Crónicas 20:20).



Existen otros ejemplos en el A.T. que nos muestran su pensamiento al respecto:
·         Salmo 20:07.
·         Salmo 33:21.
·         Salmo 09:13.
·         Salmo 18:04-06.
·         Salmo 22 (completo).
·         Salmo 23:04.
·         Salmo 40:1-2.
·         Salmo 119:142.
·         Habacuc 03:16.

El profeta Habacuc describe una profecía en contra de Israel. Allí encontramos que encontramos que Dios castigará a los injustos. En el capítulo 2, versos 2 al 4, nos señala que “el justo por la fe vivirá”. Aquí la palabra en hebreo es “emuná” la cual significa “firmeza”. Se lee entonces: “mas el justo por su firmeza vivirá”, es decir, mantenerse firme en la palabra dada por Dios a pesar de las adversidades.

           
            Detallando la profecía, Habacuc muestra un panorama sombrío, lleno de penas, escasez y calamidades. Lo importante en todo esto, es la postura del profeta ante la adversidad. Él concluye diciendo “con todo, yo me alegraré en Jehová, me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová, el Señor, es mi fortaleza, Él me da pies como de ciervas y me hace caminar por las alturas.” (Habacuc 3:18-19).

LA FE (parte II)
            Como se ha desarrollado en la primera parte de este estudio, el análisis de la fe que tenían los antiguos con la cual alcanzaron testimonio (renombre) (Hebreos 11:1-2) nos muestra una actitud de fidelidad, de permanencia, de firmeza y constancia; es decir, eran hombres y mujeres que a pesar de las luchas y contratiempos que atravesaban o pudieran atravesar se mantenían firmes en sus convicciones, sumisión y lealtad a Dios. Ejemplo: María, al aceptar el embarazo. Esto nos muestra que eran personas conscientes que el tener fe no evitaría los problemas ni las enfermedades. De manera contraría, era la fe la que ayudaba a pasar todo eso y seguir una vida de victoria. Tomemos como ejemplo un caso que demuestra que la fe va más allá de la vida misma (Daniel 3:16-18).
            En esta segunda parte, analizaremos que muestra el Nuevo testamento. Como se manejaba el concepto de fe en los tiempos de Cristo y en el de los apóstoles.
            Para comenzar, recordemos que el Nuevo Testamento fue escrito en idioma griego y la palabra fe tiene dos principios que vale la pena destacar:
ü  “PISTEOUS”: Esta palabra tiene el significado de “creer”. Es precisamente este el comentado sobre la capacidad de creer que poseen todos los seres humanos.

ü  “PISTIS”: Esta palabra tiene como significado “depositar plenamente la confianza en…”. A menudo se escucha la frase “créeme, no te conviene…”. La persona que nos brinda este consejo nos está diciendo que es preferible confiar en su palabra que experimentar el peligro en carne propia y sufrir las consecuencias. Si oímos la advertencia y cambiamos el rumbo hemos creído lo que se dijo y a quién lo dijo (Lucas 5:4-6).

En el evangelio de Juan hay algo muy particular, que ilustrará más claramente el manejo de este concepto. El evangelista, al usar la palabra que se tradujo por “fe”, no usa la palabra “PISTEOUS” que significa “creer”, él usa noventa (90) veces la palabra “PISTIS”: “depositar plenamente la confianza en…”
Hay otro detalle. Juan presenta a Jesús como el Hijo del Dios Viviente, es decir “el Verbo hecho carne” (Juan 1:14) Juan dice que confiemos en el Hijo del Dios Viviente entregando todo nuestro ser a su dirección y guía.
Un tercer detalle, por demás interesante, es que la palabra “PISTIS” es presentada como un verbo, es decir, denota una acción. No habla de una fe pasiva sino de una fe práctica, puesta en acción. Es esta fe la que demostrará al mundo que aceptamos su dirección como algo verdadero.
Podemos decir entonces, que la palabra griega “PISTIS” denota la expresión de “creer en” y la acción de demostrar que se ha depositado la confianza en otro, es decir, en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Veamos algunos pasajes que nos dan ejemplo de esta fe:
§  Juan 01:12.
§  Juan 14:11.
§  Juan 05:46.
§  Juan 05:24.
§  Juan 06:35.
§  Juan 07:38.
§  Juan 11:25-26.
Concluimos que se nos exhorta a confiar en Jesús, quién es el “Verbo hecho carne”. Ahora bien, la Biblia es la palabra inspirada por ese verbo que era y es Dios. Por consiguiente, debemos depositar toda nuestra confianza en su palabra y creer de todo corazón lo que ellas dicen. Leamos algunas de esas palabras inspiradas y que deben ser la guía y conducta en nuestra vida:
v  Filipenses 04:06-07.
v  Filipenses 04:11-13.
v  Filipenses 04:19.
v  1ra Tesalonicenses 04:16-17.
v  1ra Pedro 02:04-05.
v   1ra Pedro 02:09-10.
v  Romanos 05:01 è Justificación.
v  2da Corintios 05:18 è Reconciliación.
v  Efesios 01:07 è Redención.
v  Efesios 02:05 è Resurrección.
v  Romanos 08:15-16 è Adopción.
v  2da Corintios 05:17 è Transformación.
v  Gálatas 05:01 è Liberación.


LA FE (parte III)
      Esta tercera parte mostrará otro aspecto de la palabra “FE” dentro de las enseñanzas del Nuevo Testamento. Hasta ahora los dos primeros términos nos exhortan a abandonarnos en los brazos del Maestro, a depositar todo nuestro ser en su voluntad y entregarnos en cuerpo, alma y espíritu a sus directrices. Hablaremos de la fe como práctica de vida y como una demostración de confianza en su palabra. Pero antes recordemos algunos principios básicos de la fe:
Ø  FE:           Gracia mediante la cual Dios capacita a cada creyente para creer y confiar plenamente en Él y sus promesas.

Ø  ORIGEN DE LA FE:     La fe tiene su origen en Dios mismo, siendo Él quién la da (Efesios 02:08).

Ø  ¿CÓMO SE EJERCE LA FE?:          La fe se ejerce a través de Jesús. Solamente en Él y por Él. Siendo el “autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:02) Es por esto que la Biblia señala “no es de todos la fe” (2da. Tesalonicenses 03:02), ya que no todos los seres humanos han aceptado a Jesús como Salvador personal.

En el Nuevo testamento también se utiliza la palabra “FE para señalar al evangelio y el conjunto de doctrinas que de él se derivan. Tenemos como ejemplo:
ü  “Guardar la fe” (2da Timoteo 04:07).
ü  “unánimes por la fe del evangelio” (Filipenses 01:27).
ü  “Contender ardientemente por la fe” (Judas 03).
ü  “Guarden el ministerio de la fe con limpia conciencia” (1ra Timoteo 03:09).
ü  “En los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores (1ra. Timoteo 04:01).

En aplicación a los ejemplos presentados, analizaremos la carta del apóstol Santiago, capítulo 02, versos 14 al 26. El apóstol Santiago nos confronta para que podamos medir si nuestra fe es viva o es sólo religión muerta. Encontramos aquí la prueba de las obras y la conducta justa que es obediencia a la palabra de Dios y se manifiesta en nuestro carácter piadoso.
Vale destacar que el texto no dice que las obras salvan. La palabra de Dios establece que la salvación es por fe (Efesios 02:08-09) Santiago no está contradiciendo dicha enseñanza. La afirmación que él hace es: Si una persona ha sido salva por la fe, la obediencia a la palabra del Señor debe ser su prioridad. Esta palabra dice como debemos andar y comportarnos con nuestros hermanos y demás personas, que de una u otra forma, tengan contacto con nosotros. Es decir, si una persona realmente es salva, su conducta lo demostrará a los demás (Mateo 03:09; 05:15; 07:21; 13:23).
Ahora bien, cuando el texto dice ¿podrá la fe salvarlo? No niega la salvación por fe, ya lo vimos. Lo que está poniendo en duda es: Si una persona no obedece al Señor, no vive de la manera que Él enseñó y no se comporta con el prójimo de acuerdo a la enseñanza, es mentira que es salva. Nótese que el texto dice: “si alguno dice”, es decir, Santiago no está afirmando que la persona tenga fe, es ella quién lo dice y, de ser cierto, debe demostrarlo.
Ante todo este panorama surge una pregunta ¿cómo debo comportarme para que mi fe sea demostrada a los demás? El resto del pasaje nos da una muestra de algunas acciones y actitudes que bien podrían demostrarlo.

He aquí una lista de pasajes que darán luces de la vida cristiana y como vivirla:
o   Mateo 06:01-04, 12.
o   Mateo 10:40-42.
o   Mateo 18:32-35; 22:39.
o   Santiago 04:01, 09, 16, 19-20.
o   1ra. Pedro 01:15; 02:01-03, 11-25; 03:08-12.
o   1ra. Pedro 04:07-11.
o   1ra. Juan 01:06-09; 02:03-06, 08-11; 03:16-18.
o   Colosenses 03:01, 05-10, 12-14, 18-25; 04:01-06.
o   1ra. Tesalonicenses 04:03-08, 11, 18.
o   1ra. Timoteo 05:01-08.

o   Romanos 12:01-03.