CONVERSANDO CON UN CONOCIDO



Conversando con un conocido


Recientemente me encontraba en uno de estos lugares donde la paciencia del venezolano se pone a prueba. Para calmar la ansiedad ocasionada por la espera comencé a leer y, en medio de la lectura, comencé a escuchar a alguien que hablaba; mejor dicho, alguien que pensaba en voz alta. Como buen venezolano entablé una conversación inmediatamente. Para mi agrado, resultó ser un creyente del mismo Dios Todopoderoso en quien creo.
            En medio de aquella calurosa tarde, con sed y cansancio por las horas que tenía en el mismo sitio, aunado al sentimiento de indignación al ver como otros se aprovechaban de los demás, tocamos el tema de que nosotros, como hijos de Dios, nos viéramos sometidos a esos sufrimientos.
Era verdaderamente indignante ver como otras personas no respetaban el sacrificio y esfuerzo de aquellos que tenía más tiempo en aquel lugar y habían llegado primero. No importaba edad, genero, condición de salud; para ellos nadie era más importante que sí mismos. Incluso, llegamos a ver a una persona repartiendo dinero a un grupo de ellos para que compraran varias veces y en cantidades mayores a los establecidos para cada persona. La verdad, una verdadera injusticia y abuso.
            Fue en ese instante, después de un fuerte y profundo suspiro; suspiro que no puede interpretar, ya que era una mezcla de resignación, de alegría y agradecimiento. Fue después de ese suspiro (el del amigo) que comenzó la conversación. Estas fueron sus palabras:
            Chico – me dice – viendo las cosas por la que estamos pasando todos, incluidos los cristianos, me doy cuenta, al menos ahora, que Dios es bueno con su pueblo, con los de corazón puro.
            ¿Por qué lo dice? – pregunté.
            Fíjatedice – hace poco me vi fuertemente confrontado con una situación similar a la de hoy, pero de una magnitud mayor. Me enfurecí mucho, mi corazón se resintió. La ecuanimidad, paciencia y tranquilidad que hasta ese momento conservé casi la pierdo. Casi que “caigo” en la misma injusticia que estaba viendo.
            Impresionado por sus palabras le pregunto: Amigo ¿por qué dice eso? Así sería la cosa que vio.
            Imagínese – respondió – me mordía los labios de la rabia y la impotencia. Incluso llegué a sentir envidia de aquellos que con su orgullo y soberbia se “pavoneaban” delante de los demás. Entraban y salían como si estuvieran en su casa. Se veían tranquilos de conciencia a pesar de la maldad que hacía.
            Seca su frente con un pequeño trozo de paño y continúa diciendo: Comencé a pensar en los responsables de aquella situación y recordaba como aparecen ante la opinión pública. Pareciera como si ellos no tuvieran problemas, tienen el cuerpo tan sano y tan fuerte. Los comparo con todos los que estamos aquí y parece que no tienen dificultades como todos los demás.
            Interrumpe su conversación para avanzar unos pocos pasos y colocarnos bajo una pequeña sombra que comienza a aparecer, producto de las horas de la tarde que ya se hacen latentes. Le sigo hasta detenernos e intrigado por la historia le pregunto ¿dónde estábamos?
            ¡Ah, sí! responde – Lucen muy orgullosos, como quien lleva un collar de piedras preciosas.  
Inclina su rostro con un movimiento horizontal de la cabeza y continúa su tertulia: estos gordos ricachones tienen todo lo que su corazón desea. Se burlan de los menos afortunados y hablan solamente de sus maldades.
            Le interrumpo para afirmar que es verdad, que así actúan ellos; sin remordimiento de conciencia y que menos mal hay un Dios que mira hacia abajo.
Ante mi comentario, levanta su mirada, me mira absorto, como tratando de asimilar mis palabras y responde: Se jactan contra los cielos mismos y su manera de hablar es conocida por todo el mundo. Las personas como nosotros se desaniman y se confunden al oírlos hablar.
Mira al cielo fijamente hacia algún punto en aquella bastedad azul que todo lo cubre. Coloca sus manos sobre su rostro y seca una pequeña lágrima y se pregunta: ¿Y qué sabe Dios? ¿Acaso el Altísimo sabe lo que está pasando?

            En ese momento se oye un alboroto en las cercanías del local; resulta que ser un nuevo grupo de irrespetuosos que se confabulan para lograr pasar, literalmente, por encima de los demás.
Al ver esto señala: mire a esos perversos, disfrutan de una vida fácil mientras sus riquezas se multiplican.
Para ese momento, dos lágrimas han surcado su rostro. Un rostro que se muestra molesto, desesperado por tantas cosas. Un rostro que no habla pero que dice, a “gritos”, mucho del corazón del aquel hombre. Coloca su mano sobre mi hombro y hace una pregunta que me trastoca el corazón; mi ser completo.
Me dice: ¿Conservé puro mi corazón en vano? ¿Me mantuve en inocencia sin ninguna razón?
            Justo cuando intenté decir algo, se oye un poderoso estruendo de lluvia en el cielo. Mientras pensaba en la lluvia que para colmo de males se avecinaba, mi nuevo amigo sonríe, cierra los ojos (como tratando de volver en sí) y exclama:
            Si yo realmente hubiera hablado a otros de esta manera (refiriéndose a las preguntas) habría sido un traídor y malagradecido. Le confieso – agrega – he tratado de entender por qué los malvados prosperan, ¡que tarea más difícil!
            En ese preciso instante su rostro se ilumina, tiene una expresión como quien ha recibido lo que esperaba. Una expresión de haber encontrado la pieza que faltaba en ese rompecabezas tan complicado. Por un momento llegué a pensar que aquel relámpago le había afectado, ya que su cambio fue radical. Después de tener en frente un rostro lánguido, apesadumbrado y oscuro, tengo (para mi asombro), un rostro alegre, iluminado, rejuvenecido.
Con esa euforia latente dice: Me presenté a Dios en oración, clamé a Él y por fin entendí el destino de los perversos. En verdad, los pones en un camino resbaladizo y haces que se deslicen por el precipicio hasta la ruina, al instante quedan destruidos, totalmente consumidos por los terrores. Cuando te levantes, oh Señor – continuó diciendo – te reirás de sus tontas ideas como uno que se ríe por la mañana de lo que soñó en la noche.
Vuelve a mirarme detenidamente y agrega: Allí fue cuando me di cuenta que mi corazón se había llenado de amargura y estaba destrozado por dentro. ¡Fui tan necio e ignorante!
Hace una pausa, avanza nuevamente unos cuantos metros y al detenerse continua: Le dije al Señor: debo haberte parecido un animal sin entendimiento. Sin embargo, todavía te pertenezco, me tomas de la mano derecha. Me guías con tu consejo y me conduces a un destino glorioso.
            Por sus mejillas desciende varias lágrimas, solo que ahora el motivo es diferente: Estas eran de alegría, de gozo, de agradecimiento. Sin que pudiéramos darnos cuenta y después de pasar todo el día allí, la gente comienza a retirarse. Anunciaron que toda la mercancía se había acabado; lástima – pensé – no alcanzó para todos. Muchos se marchaban malhumorados, peleaban, vociferaban epítetos contra quien se supone debe garantizar el abastecimiento. Algunas madres lloraban, otras expresaban su mayor frustración e impotencia. Todo aquello era un lastimoso cuadro de desesperación y angustia. ¿Y mi amigo? Él no. Él estaba absorto en aquellas palabras que salían del fondo de su corazón. Parecía que no estuviera en aquel lugar ni en aquella situación.
            Así, en esa actitud dijo: ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Te deseo más que cualquier cosa en la tierra. Puede fallarme la salud y debilitarse mi espíritu, pero Dios sigue siendo la fuerza de mi corazón: Él es mío para siempre. Los que lo abandonen perecerán porque tú destruyes a los que se alejan de ti.
            Su amor hacia Dios, su entrega y abandono en los brazos del Maestro era contagioso. Mi corazón palpitaba con más fuerza. La alegría y fe en Dios se incrementaba en mi ser. Podía sentir en mi alma y espíritu que el Espíritu Santo estaba en aquel lugar. Todos mis argumentos, rabia y decepción quedaron totalmente anulados. Solo había agradecimiento, gozo, un deseo incontenible de alabar a Dios, el cual es Dios en el bosque, Dios en el campo fértil; pero también lo es en el desierto.
            La fe, esa fe que no se puede explicar con palabras, sino que se expresa con hechos, me inundó. A pesar que nunca perdí la conciencia de la realidad en la que me encontraba, pude comprender e internalizar las palabras que escribió el apóstol Pablo en aquella misiva a la iglesia en Éfeso: “Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense! Que todo el mundo vea que son considerados en todo lo que hacen. Recuerden que el Señor vuelve pronto. No se preocupen por nada, en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que Él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús” (Efesios 4:4 – 7 / NTV). Así, de esa manera vivencial, inolvidable y transformadora, fui confrontado en lo que era y creía; también fui retado a convertirme en lo que Dios quiere que sea y crea.
            El final de nuestra conversación fue magistral. Sus últimas palabras antes de marcharse fueron apoteósicas.
            En cuanto a mí – dijo – ¡que bueno es estar cerca de Dios! Hice al Señor Soberano mi refugio, y a todos les contaré las maravillas que haces.
            Lleno de gozo desbordante se despidió de mí. Al instante recordé que nunca nos presentamos e inmediatamente le pregunté: Amigo ¿cuál es su nombre?
             Me llamo ASAF.

Suyo en Cristo
J. L. Huerta

Adaptación del Salmo 73 de Asaf. Tomado de la versión Nueva Traducción Viviente. Tyndale House Publishers Fundation, 2010. Usado con permiso de Tyndale House Publishers, Inc., 351 Execute Dr. Carol Stream, Illinois. 60188. Estados Unidos de América. Todos los derechos reservados.



EL CONFLICTO DEL MUNDO QUE NOS RODEA.

El conflicto con el mundo que nos rodea.
2 Timoteo 3:1-5
 
Tomado del facebook de mi apreciado hermano Alberto Betacourt.

Si alguien le preguntara cómo ve la sociedad donde vive, ¿Qué le diría?
Como creyentes en Jesucristo, tenemos que entender la oscura realidad de nuestro mundo, pero a la vez, es posible que nos sintamos obligados a ofrecer palabras esperanzadoras, como cuando decimos que todo va a mejorar.
¿Qué dice la Biblia con respecto a todo esto?
En su carta a Timoteo, Pablo describe claramente la condición del mundo. Dice: También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos 2 Timoteo 3:1.
Ahora, él no dice que los tiempos peligrosos vendrán por algún tiempo y que luego pasarán; lo que dice, es que se establecerán y se quedarán así.
Es decir, así serán los tiempos en que vivimos.
A menudo oigo a la gente hablar de esto, y de pronto dicen: Pues, las cosas van a tener que mejorarse en algún momento, ¿no es cierto?
No.
La Palabra de Dios dice exactamente lo contrario, que cuanto más nos acerquemos al regreso de Cristo, más empeorará el mundo.
¿Cómo cristiano, nos sentimos obligado de alguna manera a darle ánimo a los demás, hablando sobre la esperanza de un mundo mejor? ¿Piensa usted que si uno reconoce la decadencia el decaimiento constante del mundo, estaría mostrando una fe débil o fuerte?
Entre más tenebrosos se pongan los días, dos cosas van a suceder: Primero, vamos a ser el blanco de los ataques que vienen de los no creyentes y del diablo.
Segundo, vamos a ser lumbreras en un mundo oscuro.
Hasta una pequeña vela es capaz de iluminar un cuarto entero.
De igual manera, un solo creyente puede emitir grandes cantidades de luz a un mundo que está en tinieblas.
Acuérdese que todas las tinieblas del universo no son capaces de extinguir ni una sola luz.
De hecho, entre más oscuro esté el mundo, mayor será el impacto que tengamos sobre él.
Pues bien, sabemos que el mundo se irá oscureciendo más y más hasta el regreso de Cristo, pero concretamente.
Pablo bosqueja las peculiaridades de nuestra sociedad en los días postreros, en 2 Timoteo 3:2 al 8, donde dice que la sociedad se va a definir por las siguientes características:
1) El egoísmo. Las personas serán egocéntricas, arrogantes, y motivadas por la codicia.
2) Blasfemos. Los hombres y las mujeres serán unos blasfemos, tomarán el santo nombre de Dios en vano y sus vidas se identificarán por lo profano.
3) Desobedientes. Como los padres se van a ocupar menos de sus hijos, la gente joven se seguirá rebelando y se convertirán en unos adultos hastiados y perturbados.
4) Ingratos. ¿Cuántas veces no hemos oído a alguien hablar de lo mucho que le dan gracias a Dios? En la mayoría de los casos el mundo no hace sino quejarse por lo que no tienen. Lastimosamente, esta situación irá empeorando.
5) Sin afecto natural. La gente se comportará de una manera fría y recia ante las cosas de Dios. Esto traerá como consecuencia, tanto una falta de respeto, como una falta de interés por los demás las personas.
6) implacables. El ideal del perdón irá desapareciendo paulatinamente más y más. La venganza y las represalias caracterizarán más y más a nuestras relaciones.
7) Calumniadores. Describe a la gente cuyas palabras son como flechas cortantes, llenas de amargura, y que van destinadas a causarle dolor a los demás.
8) Desenfrenados intemperantes. La gente carecerá totalmente de disciplina y le darán rienda suelta a su impetuosidad.
9) Crueles. Esto lo vemos hasta en los niños más pequeños jóvenes, que se dejan arrastrar por la violencia en sus casas y en sus colegios.
10) Traidores. Hoy por hoy es difícil encontrar a una persona que se pueda confiar plenamente. Tristemente, la confianza absoluta se ha convertido en un ideal anticuado en este mundo tenebroso.
11) impetuosos. Hombres y mujeres que hacen lo que se les viene en gana, sin tomar en cuenta el impacto que sus acciones puedan tener sobre los demás.
12) Amadores de los deleites. Nos hemos convertido en una generación de personas identificadas con el adagio: si te sientes bien al hacerlo, entonces hazlo. El mundo se fija más en lo que los hace sentirse bien, que en la Palabra de Dios.
13) Con religiosidad apariencia de verdad. 2 Timoteo 3:5 nos dice que el mundo se caracterizará por personas que tendrán una apariencia de piedad, pero esa religión vacía carecerá de esencia.
14) Resisten a la verdad. Las personas que no quieren oír la verdad, sólo quieren oír lo que los haga sentirse bien. Cuando la Palabra de Dios les indica que deben tomar una decisión difícil, generalmente optan por los deseos de su propio corazón.
Quizás nos parezca desalentador este comentario sobre el ámbito mundial, y sobre lo que podamos anticipar para el futuro.
Sin embargo, es algo que también nos proporciona una asombrosa oportunidad, como hijos e hijas de Dios, para irradiar a Jesús por medio de nuestro comportamiento y resplandecer más que nunca, reivindicando así las áreas que se encuentran en tinieblas, para el reino de Dios.
Bendiciones y hasta pronto

LA PROMESA DE SU DIRECCIÓN

Salmo16:11 

Nuestro maravilloso Dios te acompañe y guie en este día! Viendo las olimpiadas realmente observo la importancia de competir, clasificar y ganar. Todos desean por lo menos quedar en la historia y llevarse aunque sea una mención. La vida cristiana es muy parecida, corremos para un premio pero mayor. Todos hemos empezado la carrera y los obstáculos son muchos. Necesitamos el estímulo, la determinación, la disciplina para continuar avanzando y llegar a la meta. Todo cuanto necesitamos está en la Palabra de Dios, sin ella es fácil cansarse, deslizarse, y aun abandonar. Vamos hermano y hermana, esfuérzate en estudiar, si deseas avanzar necesitas invertir más tiempo y conocer a Aquel que nos guía a la victoria.

SOMOS OBREROS Y GUERREROS

La oposición no es solo una evidencia que Dios está bendiciendo, sino es también una oportunidad para que nosotros crezcamos. Las dificultades que aparecieron sacaron lo mejor de Nehemías y de su pueblo. Refiriéndose a Satanás, Pablo escribió: "pues no ignoramos sus maquinaciones" (2 Co. 2:11). Este capítulo presenta cuatro de las maquinaciones de Satanás para oponerse a la obra del Señor, y también nos dice cómo el pueblo de Dios puede mantenerse firme y derrotar al enemigo. Si usted empieza a edificar, pronto se verá batallando; así que ¡prepárese! Los capítulos 4 al 6 de Nehemías describen tácticas diferentes que el enemigo usó para tratar de parar el trabajo en los muros.
Cuando el enemigo ataca con: El Desánimo (Neh. 4:10)
Las presiones exteriores crean a menudo problemas interiores. No es fácil llevar a cabo el trabajo cuando se está rodeado de peligros y se enfrentan a diario las demandas de una tarea que parece imposible. Si los judíos se dejaban desanimar, se derrotarían a sí mismos; y Sanbalat y sus aliados no tendrían que entrar nunca en guerra con ellos.
El desánimo es un arma clave en el arsenal de Satanás. Fue el desánimo lo que evitó que Israel entrara en la Tierra Prometida en Cades-barnea (Nm. 13). "No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros" (v. 31) Los diez espías incrédulos "desalentaron a los hijos de Israel" (32:9); como una consecuencia, la nación vagó por el desierto durante cuarenta años hasta que la nueva generación estuvo lista para conquistar la tierra. "No podremos" es el grito de todos los que dejan de mirar al Señor y empiezan a mirarse a sí mismos y a sus problemas.
Estos desalentados trabajadores judíos estaban en realidad poniéndose de acuerdo con el enemigo que decía que ellos eran débiles (Neh. 2:19; 4:1-3). Sanbalat había declarado abiertamente que el trabajo cesaría, y casi sucedió así.
¿Por qué surgió este desaliento en la tribu real de Judá? (Véase Gn. 49:8-12.) Tenían la sangre de David en sus venas, y uno pensaría que debían ser hombres y mujeres de gran fe y valor. La respuesta la encontramos en Nehemías 6:17-19: Algunos en la tribu de Judá estaban cooperando en secreto con el enemigo. Los lazos de matrimonio eran más fuertes que los vínculos de compromiso con el Señor. Según Nehemías 13:15-22, algunos de los dirigentes de Judá no estaban totalmente dedicados al Señor, sino que estaban más interesados en obtener dinero.
He aprendido, en mis más de cuarenta años de ministerio, que en el trabajo del Señor, los que desaniman son:
1- Personas dadas a la duda, personas desconfiadas, rebeldes que no cooperan con el liderazgo.
2- Personas que se prestan a la componenda. Hay por lo general algo equivocado en su caminar espiritual. La inmadurez, el egoísmo, la obstinación son algunas de las características de estas personas.
3- Personas que carecen frecuentemente de fe en la Palabra de Dios. Su vida está marcada por otras metas que poner primero el reino de Dios.
4- Personas que están ante todo interesados en sus propios planes y metas.
5- Personas de doble ánimo, esa persona generalmente es incrédula e inestable (Stg. 1:5-8) y dificulta la obra del Señor.
Nehemías no prestó mucha atención a estos quejosos, sino que sin dudarlo siguió adelante con el trabajo del Señor. Eso es lo mejor que podemos hacer. Si pierde tiempo y deja de hacer su tarea por escuchar a todo el que reclama su atención, o se queja nunca logrará hacer nada. Nehemías recibió ánimo de la oración y de las promesas de Dios. La Palabra de Dios le ayudo para seguir adelante con sus convicciones de edificar, y no atender las emociones intimidantes, tácticas y maquinaciones del enemigo. Autor: W. Wiersbe

LA FE QUE CONSIDERA EL SUFRIMIENTO

Hebreos 12: 1 - 6

     Siempre asumimos la fe de manera positiva, nunca se aplica al sufrimiento y al dolor. Por lo general decimos: Voy a obtener; voy a lograr; Dios proveerá; Dios sanará. Nunca decimos que nuestra fe nos ayuda a soportar las pruebas, el sufrimiento o el dolor. En el verso 1, señala el autor de la carta, que tenemos una nube de testigos que sufrieron penalidades, pruebas y hasta la muerte. Ellos pasaron por todas esas cosas y no perdieron la fe:” Pero ninguno de ellos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, recibió lo prometido.” (Hebreos 11:39)
     Hoy día nos toca ser testigos de aquellos que nos observan. Debemos ser esa “luz del mundo” que es colocada en un lugar alto que alumbre a todos. Debemos dar el ejemplo de fe a las personas que nos miran. Así como nuestro testimonio de comportamiento cívico, social, moral, familiar, etcétera, es nuestra mejor predicación hacia los de afuera; nuestra manera de afrontar las adversidades, las pruebas y todo lo que nos sea contrario también lo es.
     La nube de testigos que nos observa se medirán con nuestro actuar ante las adversidades. Es como si dijeran:” Si esa persona que dice creer en Dios, que afirma que Cristo es su ayudador y proveedor actúa de esa manera como si no lo creyera, se queja, reniega, y basados en el caso actual venezolano, hasta hay algunas que se van del país, ¿Qué queda para mí que no profeso su fe y no me puedo ir del país? Cuando uno de nosotros se aparta del Señor está dejando de pensar en sus hijos, cónyuge, vecinos y solo piensa en sí mismo. Estamos llamados a vivir para el Señor y dar testimonio a los demás; estamos llamados a ser testigos con nuestra manera de actuar, de hablar y de ser; debemos dar esperanzas a los demás.
     El autor de Hebreos, inspirado por el Espíritu Santo nos dice: “despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Heb. 12:1b). Quizás preguntes ¿qué hay de mis necesidades? Estoy pasando hambre, estoy perdiendo peso, mis hijos no se alimenta completo, el dinero no me alcanza. La respuesta la encontramos en los siguientes versos: “Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar, pues aún no habéis padecido hasta la sangre…”.
     Tomemos el ejemplo de Pablo cuando dijo: “Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”, “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. (Filipenses 1:21 y 4: 4, 6-7)

LO QUE CUESTA SEGUIR A JESÚS



Lo que cuesta seguir a Jesús

(Lucas 14:25 – 27)
“Grandes multitudes iban con Él; y volviéndose les decía: “Si alguno quiere venir en pos de mí y no aborrece a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”
            Nuestro Señor Jesús, durante su peregrinación en la tierra, demostró las señales que confirmaban su misión entre los suyos. Muchos milagros de sanidad, liberación espiritual, alimentación de multitudes y resurrecciones fueron manifestados entre aquellos que le rodeaban. Sin embargo, muy pocos, por no decir que ninguno, entendió realmente su mensaje y su propósito real.
            Es así, como nos indica la palabra, que “grandes multitudes iban con Él”; todos buscaban cubrir sus necesidades mas no le seguían por amor y devoción al Maestro y Salvador. Hay un detalle interesante en el texto: “y volviéndose”. Jesús continuaba su labor por toda la tierra de Israel, predicando y anunciando la llegada del “Reino de los cielos”, hasta que un momento detiene su marcha (siempre adelante) y voltea hacia la multitud. Era claro que Jesús sabía que le seguían y también sabía las verdaderas razones que tenían para hacerlo. Es allí cuando Él detiene su marcha; su propósito; su misión y comienza a exhortar a la multitud sobre cuál debe ser la verdadera razón para seguirle y el costo que deben pagar. Encontramos la verdadera devoción que debemos demostrar. Jesús dice: “Si alguno viene a mí y no aborrece…” La palabra usada aquí no habla de desprecio o separación de lo más querido ni de nuestra vida. Esta palabra se usa en un sentido comparativo, de amar menos.
Existe un gran contraste entre las palaras de Jesús y lo que se está predicando hoy día. Hoy se enseña lo que yo llamo “el quinto evangelio”, el cual no es otra cosa que la enseñanza de que voy a vivir en esta tierra y que he sido llamado a la conquista, a establecer un “reino” en la tierra. Un reino donde ocuparemos grandes cargos y lugares prominentes. Donde obtendré los mejores beneficios terrenales: autos, casas, cuentas bancarias enormes, salud, larga vida sin aflicciones ni problemas. Este “quinto evangelio” no es más que el ofrecimiento continuo de aquello que el enemigo ofreció a Jesús en el desierto.
Pero, volviendo a las palabras de Jesús. Él nos llama a desprender nuestro corazón de todas esas cosas; que las quitemos del trono de nuestras vidas y las sustituyamos por Él y solo por Él. El maestro nos llama a no amar a las cosas y a las personas más que a Él. Queda demostrado que el afán por el buen vivir en esta tierra no forma parte de su enseñanza. No quiere decir que dejemos todo y nos lancemos a la indigencia ¡NO! Quiere decir que nuestro único propósito debe ser amarle y agradarle a Él.
De igual forma, la expresión “no lleva su cruz” denota una preparación a morir a las cosas de este mundo, considerándonos ya muertos a nosotros mismos y a los ofrecimientos de este mundo. El apóstol Pablo lo decía:
“…O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual habéis recibido de Dios, y que no sois vuestro.” (1ra. Corintios6: 19). (énfasis propio).
“Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo. (Gálatas 6:14). (énfasis propio).
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí, y lo que vivo ahora en la carne, lo vivo en la fe del hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 6:20). (énfasis propio)
Ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí. Si vivimos para el Señor vivimos; y si morimos para el Señor morimos, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos (Efesios 4: 22 – 24) (énfasis propio)
“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aún las estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a Él lo he perdido todo y lo tengo por basura, para granar a Cristo y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia, que se basa en la Ley, sino la que se adquiere por la fe en Cristo, la justicia que proviene de Dios y se basa en la fe. Quiero conocerlo a Él y el poder de su resurrección, y participar de sus padecimientos hasta llegar a ser semejante a Él en su muerte” (Filipenses 3: 7 – 10) (énfasis propio)
No procuramos agradar a los hombres sino a Dios que prueba nuestros corazones” (1ra. Tesalonicenses 2:4b) (énfasis propio)
“Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia, sino, así como aquel que os llamó Santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir, porque escrito está: “Sed santos porque Yo soy Santo” (1ra. Pedro 1: 14 – 16)
Para concluir, desechemos todo aquello que nos aparta del conocimiento real y total de nuestro Señor Jesús. Amémoslo y busquemos de agradarle solo a Él.
Suyo en Cristo
J. L. Huerta