¿La Voluntad de Dios coincide con la mía?
(1ra. Tesalonicenses 4:3)
En la oportunidad anterior mencionamos
que para lograr una vida tal y como Dios lo demanda debíamos vivir en una
total, sencilla y absoluta obediencia. Debemos anhelarle a Él y no a sus
bendiciones. Todo esto exige un acto voluntario de entrega. Es someter nuestra
voluntad a la Suya y estar pendiente que
la nuestra esté en concordancia con la de Él.
Pablo enseña a la iglesia de
Tesalónica, inspirado por el Espíritu Santo, que la voluntad de Dios es nuestra
santificación. Hay un detalle en esta afirmación: La santificación no dependerá
de si Dios está dispuesto a santificarnos; será total y absolutamente MI
VOLUNTAD. ¿Estoy en disposición a dejar que Dios haga en mí todo lo que ha sido
posible por medio de la expiación de la Cruz de Cristo? ¿Estoy en disposición a
dejar que Jesús venga a ser santificación para mí, y a dejar que su vida se
refleje en mi carne humana?
Guárdate de decir: “Oh! Anhelo
ser santificado”. No, no lo anhelas. Reconoce tu necesidad, pero deja de anhelarlo
y haz de ello un asunto de acción. Todo lo que Jesús hizo posible se hace mío por
medio del don libre y amoroso de Dios sobre la base de lo que Cristo cumplió en
la Cruz. La santificación me hace uno con Cristo y en Él uno con Dios, y esto
se consigue solo mediante la expiación grandiosa de Cristo.
Nunca confundamos el efecto con la causa. El efecto en mí,
es la obediencia, el servicio y la oración; y es el resultado de un
agradecimiento inexpresable y de adoración a causa de la milagrosa
santificación que ha sido obrada en mí a través de la expiación mediante la
Cruz.
Tomado del libro devocional “En pos de lo Supremo”
Oswald Chambers, Editorial Clie.
Usado con permiso escrito de la casa editorial.
Suyo en Cristo
J. L. Huerta.