¿La Voluntad de Dios coincide con la mía?



¿La Voluntad de Dios coincide con la mía?
(1ra. Tesalonicenses 4:3)

         En la oportunidad anterior mencionamos que para lograr una vida tal y como Dios lo demanda debíamos vivir en una total, sencilla y absoluta obediencia. Debemos anhelarle a Él y no a sus bendiciones. Todo esto exige un acto voluntario de entrega. Es someter nuestra voluntad a la Suya y estar pendiente que  la nuestra esté en concordancia con la de Él.
         Pablo enseña a la iglesia de Tesalónica, inspirado por el Espíritu Santo, que la voluntad de Dios es nuestra santificación. Hay un detalle en esta afirmación: La santificación no dependerá de si Dios está dispuesto a santificarnos; será total y absolutamente MI VOLUNTAD. ¿Estoy en disposición a dejar que Dios haga en mí todo lo que ha sido posible por medio de la expiación de la Cruz de Cristo? ¿Estoy en disposición a dejar que Jesús venga a ser santificación para mí, y a dejar que su vida se refleje en mi carne humana?
         Guárdate de decir: “Oh! Anhelo ser santificado”. No, no lo anhelas. Reconoce tu necesidad, pero deja de anhelarlo y haz de ello un asunto de acción. Todo lo que Jesús hizo posible se hace mío por medio del don libre y amoroso de Dios sobre la base de lo que Cristo cumplió en la Cruz. La santificación me hace uno con Cristo y en Él uno con Dios, y esto se consigue solo mediante la expiación grandiosa de Cristo.
Nunca confundamos el efecto con la causa. El efecto en mí, es la obediencia, el servicio y la oración; y es el resultado de un agradecimiento inexpresable y de adoración a causa de la milagrosa santificación que ha sido obrada en mí a través de la expiación mediante la Cruz.

Tomado del libro devocional “En pos de lo Supremo”
Oswald Chambers, Editorial Clie.
Usado con permiso escrito de la casa editorial.
Suyo en Cristo

J. L. Huerta.

La oposición de lo natural

LA OPOSICIÓN DE LO NATURAL

     "Los que son de Cristo han crucificado la carne 
con sus pasiones y deseos" 
Gálatas 5:24


    La vida natural en sí no es pecaminosa. Pero tenemos que abandonar el pecado y no tener nada que ver con él.
   No es cuestión de abandonar el pecado, sino de abandonar mi derecho a mi mismo, a mi independencia natural y a mi propia voluntad. Ahí es donde se debe librar la batalla. Las cosas que son justas, nobles y buenas desde las perspectiva natural son las mismas cosas que nos impiden ser lo mejor de Dios. Es lo bueno lo que se opone a lo mejor.
   El costo para nuestra vida natural no es solo una o dos cosas, sino todo. Jesús dijo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo (Mateo 16:24).
    La vida natural no es espiritual, y solo puede llegar a ser espiritual mediante sacrificio. Si no sacrificamos a propósitos lo natural, lo sobrenatural no llegará a ser naturales en nosotros. No es cuestión de orar sino de sacrificar y hacer su voluntad.