¿RECUERDAS
LO QUE DIOS RECUERDA?
Jeremías 2:2
“Me he acordado de ti, de la fidelidad
de tu juventud del amor de tus desposorios, cuando andabas en pos de mi en el
desierto…”
Todos nosotros cuando comenzamos algo lo hacemos con
mucho entusiasmo. Siempre tenemos nuestra mente puesta en esa nueva tarea.
Todas nuestras fuerzas, tiempo y atención están allí. Casi no podemos pensar en
otra cosa. Un ejemplo de ello es cuando se está enamorado. Todo gira alrededor
de la persona amada, no hay “ojos” para
nadie más. Estamos tan contentos y felices que nuestro rostro se ilumina. Como
se dice popularmente: “la felicidad brota por los poros”. Todo lo que hacemos o
dejemos de hacer, siempre será para agradar a la persona de quien se está
enamorado o enamorada. Durante la etapa del enamoramiento, todo es para hacer
feliz a la pareja, ya que si ella o él es feliz, nosotros también.
Hoy, el Señor te dice “Pero tengo
algo contra ti que has dejado tu primer amor”. Dios nos llama a la reflexión y
nos llama a preguntarnos ¿Mi amor a Dios es algo espontáneo como solía serlo o
ahora lo que hago es esperar su bondad, sus bendiciones para conmigo? ¿Mi amor
por Él es como en la etapa del noviazgo? ¿Mi corazón se llena de alegría al
saber que mi vida le agrada? ¿Todo lo que veo, hago, digo y comparto le llena
de felicidad o vivo en una constante queja porque las cosas no salen como yo
quiero?
En esta relación de pareja con
Cristo, debemos recordar que Él tiene anhelos que podemos llenar. Al igual que
a la mujer samaritana en el pozo de Jacob, Jesús nos dice: “Dame de beber” (Juan 4:7). Le daremos de beber de nuestro amor
teniendo una vida de buen testimonio o, por el contrario, le responderemos como
ella: “dame de esa agua para que no tenga
ya sed ni venga aquí a sacarla”. Dios le dice a su pueblo: No estás
enamorado de mi ahora, pero recuerdo el tiempo que si lo estabas (Jeremía 2:2). Debemos reflexionar y preguntarnos
¿Estoy lleno hasta rebosar con el amor a Cristo como al principio, cuando lo
único importante era agradarle y mostrar mi devoción a Él, o he escogido la
sabiduría del hombre por encima del amor verdadero?, ¿Estoy tan enamorado(a) de
Él que no me importa a dónde me pueda llevar, o estoy vigilando cuanto me da Él
a mí como medida de cuanto estoy dispuesto a darle?
Usted pensará y dirá: “Hermano, usted debe comprender que
la familia, las facturas que pagar, el dinero que hay que ganar, mi trabajo. No
puedo dejar de trabajar y desatender todas las cosas por ponerme a predicar”.
Es cierto, pero, ¿Dejó usted todo eso a un lado cuando aceptó al Señor,
descuidó su trabajo, dejó de pagar las facturas, descuidó a su familia cuando
estaba en el primer amor con Dios? Pienso que no.
Debemos considerar esto: Cuando
empiezo a cuestionar lo que Dios ha hecho por mí, debería comenzar a darme
cuenta que Él ya no es lo que solía ser. Cuando esto suceda, debo reconocer,
con vergüenza y humillación que he caído de mi primer amor. Por esto dice el
Señor: “Recuerda de dónde has caído,
arrepiéntete y haz las primeras obras” (Apocalipsis 2:5)
Suyo
en Cristo
J.L.
Huerta