DIGNOS DE CONFIANZA
Señor hazme una hombre/mujer ungido(a) en quien puedas confiar.
Base Bíblica: Job
1:1 - 2:13
Muchos
de nosotros conocemos la historia de Job, Cuando leemos la cita, encontramos a un
hombre prosperado, sano, rico, con una hermosa familia. Vale destacar que la
Biblia (de boca de Dios mismo) lo define como un hombre “perfecto, temeroso de
Dios y apartado del mal”. Podemos preguntarnos ¿Será que la perfección de Job
lo hacía un hombre exento de errores y pecados? La respuesta es ¡NO! Veamos que
nos dice la misma palabra de Dios al respecto: Job 6:24 / 7:21 / 9:20.
Al igual que nosotros Job era un hombre sujeto a errores y pecados. Siendo así
¿Cómo es que Dios dice esas cosas de él? Dejemos la interrogante allí, en el
aire.
Hoy
no hablaremos de Job ni de su vida próspera, ni su fe, ni su aguante; ni
siquiera quiero hablar de sus tragedias. Hoy quiero hablar del personaje más
importante de toda la historia: “DIOS”. Quiero centrarme en la postura adoptada
por ÉL en los eventos que se desarrollan en los versos que hemos leídos. Como se lee, la historia comienza con una descripción de la vida de este hombre, todas
sus bendiciones y su temor a Dios.
Les
invito a que hagamos un viaje a los cielos de los cielos, a la presencia de
Dios mismo. Allí se está desarrollando un acontecimiento interesante (leer versos del 6 al 12). Vemos que
todos los hijos de Dios se presentaron ante Él ¿Te presentas tú ante Dios todos
los días? ¿o solo de vez en cuando? Lo cierto es que aquí se presentan los
hijos de Dios, entre ellos Satanás. Sí, Satanás tiene acceso al Trono de Dios,
cuanto más nosotros que se nos permite acercarnos confiadamente al trono de la
Gracia. Reitero la pregunta ¿Te acercas constantemente a Dios? Job lo hacía
todos los días ¿Nosotros?
Continuando
con la historia, encontramos una conversación bastante peculiar e interesante:
Dios toma la palabra y le dice a satanás “¿De dónde vienes?” Y el enemigo le
responde “de rodear la tierra y andar por ella”. La palabra de Dios nos enseña
que el enemigo “anda como león rugiente buscando a quien devorar”. Dios sabía
que andaba haciendo él alrededor del mundo; sabía que ataca al ser humano que
busca a Dios; sabía que sus intenciones son las mismas que lo mantiene hoy ante
su trono: La de acusar a los escogidos (Zacarías 3:1); (Apocalipsis 12:10).
Antes
que satanás comenzara sus acusaciones Dios le pregunta ¿No has considerado a mi
siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso
de Dios y apartado del mal? Que interesantes palabras conforman esta pregunta: “Considerar, siervo, no hay otro como él,
perfecto, recto, temeroso y apartado”. Como vimos, Job era un
hombre sujeto a errores y pecados y sin embargo Dios lo califica y dice que no
hay otro como él en la tierra. Aprendemos, entonces, que la perfección de Job
no radicaba en su ausencia de humanidad. Su perfección, rectitud y apartamiento
radicaba en su reverencia y deseo de agradar a aquel a quien servía. ¿Estamos
nosotros buscando de agradar a Dios en todos los aspectos de nuestra vida?
Yo
me imagino a Dios, sin ánimos de ser irreverente, henchido y mirando a satán
de frente cuando le dijo: ¿“No has considerado a mi siervo Job?” El enemigo
sigue ante la presencia de Dios acusándonos y, cuando menciona nuestros nombres,
¿Dios puede henchirse, mirarlo a la cara y responderle igual? ¿O tiene que
aceptar las acusaciones, ya que somos sumamente culpables al pecar y rebelarnos
de la manera más descuidada posible, sin dar la menor importancia a la obra
redentora de Jesús en la cruz? ¿Seguimos viviendo cual inconversos, dando
prioridad a las cosas del mundo?
¿Seguimos ocupados en nuestra autocomplacencia, en la búsqueda de la “buena
vida” en este mundo? ¿Mis amistades, compañeros de trabajo, de escuela, liceo o
universidad mantienen con nosotros relaciones de amistad donde no se nota la
transformación del Espíritu Santo en nuestras vidas? ¿Nos reímos y compartimos
sus chistes groseros? ¿Vemos en las redes sociales cosas que no debemos ver?
¿Fuera de la iglesia y lejos de los hermanos tengo el mismo lenguaje y
comportamiento cuanto estoy con ellos en la congregación?
Continuando
con la historia, satán le responde a Dios ¿acaso teme Job a dios de balde? ¿No
le has cercado alrededor de él y a su casa y a todo lo que tiene? Trata de
acusar a Dios de favoritismo y le dice: al trabajo de sus manos has dado
bendición, por tanto sus bienes han aumentado sobre la tierra”.
Quiero abrir un
paréntesis para resaltar algo interesante: El enemigo narra la bendición
terrenal que Dios le había dado a Job en todos los aspectos de su vida. Pero en
ningún momento vemos a Job "pactando" con Dios para ello. No le vemos afanado por
multiplicar sus riquezas y posesiones. Por el contrario, lo vemos buscando tener
una buena relación de devoción, de temor y de santidad ante Dios. (Verso 5). Él estaba tan consciente de
eso, que lo primordial en su vida era agradar
a Dios. No se le ve preocupado ni inventando "atajos" para conseguir su
bendición. Él sabía que todo lo que tenía era porque Dios se lo quiso dar y no
por su afán de riquezas y "buena vida" en la tierra. ¿Por qué decimos esto? En el
verso 2:10 Job reconoce esta verdad. Adicionalmente, la Biblia nos dice que
cualquiera que quiera hacerse amigo del mundo se constituye enemigo de Dios. (Santiago
4:4) (1ra. Juan 2:15 – 17).
Volviendo al tema,
satán en su prepotencia y arrogancia le dice al Padre: “Extiende tu mano y toca todo lo
que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia”. En
otras palabras: quítale lo que tiene y verás cómo te maldice y se queja de ti
en tu cara. Pregunto ¿Si Dios no hubiese estado seguro de Job le habría dado
permiso a satán para hacerle lo que le hizo? ¿Puede Dios estar seguro de
nosotros?
La historia nos
relata lo que le sucedió a la familia y propiedades de Job. Ante esta arremetida fallida, el enemigo
vuelve a insistir y la respuesta de Dios es fantástica, le dice su opinión
acerca de Job y además le agrega que el hombre no ha perdido su integridad. El
enemigo buscando una excusa para poder lograr en Job lo que logró en el Edén,
insiste y le dice que lo que había hecho era superficial para Job, que si lo
toca él no soportaría la pérdida de su salud perdería su fe y renegaría del
Dios. Vemos que Job no decayó en su fe, por el contrario, salió más
fortalecida; incluso cuando no contó con el apoyo de su propia esposa. En el
verso 2:10 responde: “¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal
no lo recibiremos? Esa era la actitud que llevaba a Dios a tenerle
confianza.
¿Podrá Dios tener
la misma certeza sobre nuestra integridad espiritual, moral y ética? ¿Puede
Dios decir de nosotros: Consideren a mi siervo(a)?
Si no es así, te
invito a que nos acerquemos a Él y pidamos perdón por dejarlo "mal" ante las
acusaciones del enemigo. Roguémosle que podamos dejar sin trabajo al enemigo
acusador. Que podamos vivir acorde a sus exigencias. Que seamos verdaderamente
sal de la tierra y luz del mundo.
Suyo en Cristo
J.L. Huerta