LA FE QUE CONSIDERA EL SUFRIMIENTO

Hebreos 12: 1 - 6

     Siempre asumimos la fe de manera positiva, nunca se aplica al sufrimiento y al dolor. Por lo general decimos: Voy a obtener; voy a lograr; Dios proveerá; Dios sanará. Nunca decimos que nuestra fe nos ayuda a soportar las pruebas, el sufrimiento o el dolor. En el verso 1, señala el autor de la carta, que tenemos una nube de testigos que sufrieron penalidades, pruebas y hasta la muerte. Ellos pasaron por todas esas cosas y no perdieron la fe:” Pero ninguno de ellos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, recibió lo prometido.” (Hebreos 11:39)
     Hoy día nos toca ser testigos de aquellos que nos observan. Debemos ser esa “luz del mundo” que es colocada en un lugar alto que alumbre a todos. Debemos dar el ejemplo de fe a las personas que nos miran. Así como nuestro testimonio de comportamiento cívico, social, moral, familiar, etcétera, es nuestra mejor predicación hacia los de afuera; nuestra manera de afrontar las adversidades, las pruebas y todo lo que nos sea contrario también lo es.
     La nube de testigos que nos observa se medirán con nuestro actuar ante las adversidades. Es como si dijeran:” Si esa persona que dice creer en Dios, que afirma que Cristo es su ayudador y proveedor actúa de esa manera como si no lo creyera, se queja, reniega, y basados en el caso actual venezolano, hasta hay algunas que se van del país, ¿Qué queda para mí que no profeso su fe y no me puedo ir del país? Cuando uno de nosotros se aparta del Señor está dejando de pensar en sus hijos, cónyuge, vecinos y solo piensa en sí mismo. Estamos llamados a vivir para el Señor y dar testimonio a los demás; estamos llamados a ser testigos con nuestra manera de actuar, de hablar y de ser; debemos dar esperanzas a los demás.
     El autor de Hebreos, inspirado por el Espíritu Santo nos dice: “despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Heb. 12:1b). Quizás preguntes ¿qué hay de mis necesidades? Estoy pasando hambre, estoy perdiendo peso, mis hijos no se alimenta completo, el dinero no me alcanza. La respuesta la encontramos en los siguientes versos: “Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar, pues aún no habéis padecido hasta la sangre…”.
     Tomemos el ejemplo de Pablo cuando dijo: “Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”, “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. (Filipenses 1:21 y 4: 4, 6-7)

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