LA PREDESTINACIÓN (III)
La Predestinación
y la Condenación
La
doctrina de la predestinación tiene dos caras las cuales deben ser consideradas:
La predestinación para salvación y la predestinación para perdición.
Como
se estudió anteriormente, la doctrina de la predestinación dice: Dios estableció un camino de selección,
salvación y glorificación de cada uno de los que Él sabía que creerían en su
nombre. Surge, entonces, una pregunta ¿Qué pasa con aquellos que no creen,
han sido predestinados para perdición?
Veamos
el caso de Judas. Jesús afirmó lo siguiente:”sino el hijo de perdición, para
que la escritura se cumpliese” (Juan 17:12). ¿Fue Judas predestinado a
la perdición desde antes de la fundación del mundo? En el Salmo 41:9 dice: “Aun el hombre de mi paz, en quien yo
confiaba, el que de mi pan comía, alzó el pie contra mí”.
Otro caso es el endurecimiento del
corazón de Faraón. Siendo Dios mismo quien dijo que Él lo endurecería ¿Estaba
faraón destinado a la perdición? ¿Si Dios no hubiese endurecido su corazón, se
hubiese arrepentido; hubiese creído en Jehová y dejado ir a Israel? En Éxodo
7:3 “Pero Yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de
Egipto mis señales y mis maravillas.” Con estos textos nos damos cuenta de la
existencia de la otra cara de la predestinación: La Condenación.
Ahora bien, una vez definida la
doble predestinación (salvación – condenación), veamos algunas interpretaciones
que se han dado al respecto. Algunos han expresado que la doble predestinación
es como “Causa y Efecto”, dando a entender que Dios es realmente responsable de
que el malo no crea y los escogidos sí. Este pensamiento se conoce como “Predestinación positiva – positiva”.
Enseña que Dios interviene en la vida de los escogidos, es decir, Su gracia
obra en sus corazones y los trae a la fe. En el caso de los malvados, les
impide llegar a la fe evitando Su gracia en los corazones de ellos. Esta
interpretación se conoce como “Hipercalvinismo”.
Por otra parte está la “Predestinación positiva – negativa”, la
cual plantea: En el caso de los salvos, Dios efectivamente obra Su gracia en
los corazones y los trae a la fe salvadora, los regenera y les asegura la
salvación. (Romanos 9:14 – 24). En el caso de los malvados, Dios no obra
el mal en ellos ni impide que ellos lleguen a la fe (Judas 4). Lo que Dios
hace es pasarlos por alto, dejándolos en sus pecados (Romanos 1:18 – 32). Cuando
usamos la expresión “pasar por alto”, nos referimos a que Dios, luego de
mostrarse a los malvados de diferentes formas y maneras, estos le siguen
rechazando por lo que Dios no insiste y los deja tranquilos en sus pecados,
resultando en la perdición de sus almas.
Aunque parezca que Dios actúa de
manera desigual, podemos darnos cuenta que existe mucha igualdad, ya que, así
como la salvación de los escogidos es cierta, la perdición de los malvados
también es real.
o
Efesios 1:3 –
6.
o
Juan 3:18 – 21.
Suyo en
Cristo
J.L. Huerta
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