“BUSCANDO LA SATISFACCIÓN DE DIOS”



“BUSCANDO LA SATISFACCIÓN DE DIOS”

“Llegó una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber”
(Juan 4:7)
            Hoy en día, es muy común escuchar en nuestras oraciones personales y congregacionales la misma forma de oración: “Dame de beber”. Muchas prédicas y enseñanzas se han basado en lo que Dios tiene para mí, su plan de bendición y en la prosperidad que podemos recibir. En la mayoría de las oraciones (por no decir todas), es muy fácil escuchar palabras que piden protección personal, familiar, laboral, prosperidad, riquezas, satisfacciones terrenales, entre otros; en fin, una interminable lista de peticiones que tienen (sí como lo lee) tienen que ser suplidas por Él. Sin embargo, ¿qué quiere Dios de nosotros, para qué nos salvó?, ¿Por qué entregó a su único hijo para salvarnos? Da para reflexionar.
            Pienso, que si Dios nos hubiese querido dar todo lo que pedimos, darnos todas las bendiciones y beneficios terrenales, no tendría que haber enviado a Jesús a la tierra a morir en nuestro lugar. ¿En qué baso mi pensamiento? Veamos: Las cosas básicas y esenciales para nuestra vida las recibimos de manera gratuita y unilateral. Él decidió regalarnos esas cosas básicas de la subsistencia: El oxígeno, la lluvia, la vida, el sistema inmunológico que nos protege y permite nuestra salud para trabajar y poder suplir nuestro nuevo renglón de necesidades. No hubo necesidad de redención para recibir esas cosas. Surge entonces la pregunta ¿Para qué envió a su hijo?
            Volviendo al tema de la mujer de Samaria, vemos a un ser humano tratando de satisfacer su necesidad “Señor, dame de esa agua, para que no tenga yo sed ni venga aquí a sacarla”. En su afán de autosatisfacción había olvidado que Jesús le había pedido agua primero. ¿Cuántos de nosotros nos enfrascamos en la autosatisfacción de deseos, caprichos, antojos; y pare usted de contar (sin descartar que existen necesidades reales que deben ser llevadas a Él) que olvidamos el verdadero propósito para el que fuimos llamados? Jesús abordó a la mujer para saciar su sed (humanamente hablando) y hoy nos sigue abordando con ese mismo propósito: Que le agrademos a Él, que satisfagamos sus demandas, sus mandamientos, sus órdenes.  


Como Dios no deja “cabo suelto”, nos indica en ese mismo pasaje lo que realmente está buscando en nosotros. Su verdadero objetivo es la búsqueda de ADORADORES. Adoradores que le agraden con su adoración, que demuestren, con sus vidas, obedientes, una adoración genuina: “En Espíritu y en verdad”. Este adorar no se limita (como muchos lo saben) al canto. Este adorar tiene por implicación la obediencia, el servicio, la entrega y la renuncia a nuestro gran cúmulo de deseos y caprichos. Recordemos de manera muy vivida y profunda que Jesús es el Señor y nosotros sus siervos. Somos nosotros los llamados a servir, a atender Sus órdenes y mandamientos, a fin que seamos de Su agrado, de Su satisfacción, de Su gozo.
Ruego a Dios que volvamos al plano de siervos obedientes, que buscan cumplir con la voluntad de su Señor sin importar la propia. Que Jesús pueda decir de nosotros: “Ven buen siervo fiel, entra en el gozo de tu Señor”  Selah

Suyo en Cristo
J.L. Huerta.

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