Preguntémonos concretamente si vale la pena ser cristiano, a pesar de vivir en un país que se lo considera cristiano, por poseer raíces y tradiciones cristianas. ¿Qué valor tiene para nosotros ser cristianos, el verdadero cristianismo, en la actualidad?
Voltaire, un ateo convencido, dijo en un brindis del rey Federico el Grande de Prusia: "Cambio mi lugar en el cielo por un marco prusiano", en ese momento otro invitado le contestó:" Señor, tenemos una regla en nuestro país, si alguien quiere vender algo debe demostrar que le pertenece realmente, ¿puede comprobar que tiene un lugar en el cielo?
¿Posee usted un lugar en el cielo? ¡Eso es lo que realmente importa! La Biblia nos indica la condición para lograrlo: ¡tener una genuina unidad de vida con Jesús! Eso sólo sucede a través del nuevo nacimiento. En el evangelio de San Juan, capítulo 3, versos 3 al 6 dice: " Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. este vino a Jesús de noche y le dijo: maestro, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tu haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?
Respondió Jesús: de cierto te digo, el que no naciere de agua y del espíritu, no puede entrar en le reino de Dios." Nacemos de nuevo - espiritualmente hablando - a través de la fe personal en Cristo Jesús, transformándonos así en hijos de Dios. Dice el mismo San Juan :"Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1:12).
Con frecuencia escuchamos la frase: "De una u otra forma todos somos hijos de Dios". Pero conforme,
a la Biblia, ¡eso no es verdad!. En realidad, se trata de un gran engaño, que lleva a muchas personas a estar cómodas y tranquilas, en una falsa seguridad, con relación a su destino eterno. Todos los seres humanos son criaturas de Dios, pero los hijos de Dios - los únicos que realmente tendrán lugar en el cielo - son aquellos que han nacido de nuevo por la acción del Espíritu Santo. Aquella persona que ha nacido de nuevo, como lo explicó Jesús, tiene esta confirmación y testimonio del Espíritu Santo en su corazón: "¡Ahora soy un hijo/a de Dios!". Esto no es orgullo sino más bien humildad, puesto que la persona salva ya no se apoya en sus buenas obras, sino únicamente en el Señor Jesucristo. Tal persona ha reconocido su posición de pecador y que, por lo tanto, no podía ser salva por sus obras piadosas, ni por mérito alguno. Por esa razón, se acercó a Jesús con esta súplica en su alma: "¡Por favor, Señor, sálvame!". Jesús, al escuchar nuestro clamor, lo contesta.En el libro de Apocalipsis 3:20, Jesús dice: "he aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo". Si usted abre la puerta de su vida a Jesús, Él entrará y le transformará. Como consecuencia, el Espíritu Santo de Dios le dará la seguridad: "¡Ahora pertenezco a Jesús, ahora soy salvo, ahora voy al cielo.!"
continuará........
No hay comentarios.:
Publicar un comentario